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sábado, 23 de mayo de 2009

LA RATA Y YO







  • Hacia poco que nos habíamos mudado a esa casa. Aquella noche, dormía yo placidamente. Relajado y distendido como cualquiera que tiene el convencimiento interior, de haber alcanzado un logro deseado. Abruptamente mi sueño fue interrumpido por los persistentes zamarreos y reclamos de mi esposa. Tardé en entender a que se refería su voz alterada. Y casi al mismo tiempo comprendí que algo ocurría, y corría allí arriba en la buhardilla. No se trataba de una fantasía femenina, todo el ruido que provocaba aquel animal al desplazarse, hacia aumentar mis temores y presunciones sobre su verdadero tamaño. Estaba yo allí, y no tenia escapatoria alguna. Nuestros pequeños hijos dormían, aun no teníamos perro que me acompañara y mi esposa esperaba una respuesta. Con resignación, me puse los pantalones y me calce los mocasines. Pasé antes por la cocina, en busca de alguna cosa contundente con que defender mi integridad. Subí las escaleras, abrí la puerta de la buhardilla y encendí todas las luces. El sitio estaba separado en dos por una pared de madera y era evidente que mi enemigo se encontraba del otro lado de aquella pared. Así que abrí la puerta y la vi. Era una rata de mediano tamaño, nada tan grande como para justificar el escándalo que provocaba. No imaginaba por donde podía haber entrado, pero allí estábamos ahora los dos. Enfrentados, a solo tres o cuatro metros el uno del otro esperando el inicio de las hostilidades. Comencé por recoger pequeños pedazos de yeso del cielorraso y se los arrojaba con tal mala puntería que estoy casi convencido que el ejercicio acabo por divertir a la rata. Ella saltaba y se ocultaba entre los tirantes de madera hasta que alguno de mis proyectiles lograba hacer algún impacto cercano, y volvía a saltar. Así estuvimos unos 10 minutos hasta que la cosa me llevo al hartazgo.
  • Basta!, me dije: ¿Vamos a estar toda la noche así?...pregunté en vos alta. Tanteé en el bolsillo de mi Jean el paquete de cigarrillos del día anterior, y me senté sobre una caja de libros viejos que habíamos traído en la reciente mudanza. Encendí un cigarrillo y mientras fumaba comencé a hablar solo: “La verdad es, que yo quisiera estar ahora en mi cama durmiendo, antes de estar aquí peleándome con vos.¡ Pero no puedo ir abajo sin ninguna explicación! Deberías conocer a las mujeres y mas cuando son madres”.
  • Para mi sorpresa, la rata comenzó a asomar su cabeza por encima de la viga de madera que la ocultaba de mi vista. Mientras que yo, le continuaba hablando como quien le habla a un conocido. Ella me miraba con un completo asombro y el asombro se hacia mutuo, florecía al unísono en aquel improvisado monologo ajeno a la realidad. Me miraba fijo y llena de curiosidad. Y aquella mirada se volvía cada segundo mas serena y terminaba por encender mi inspiración oratoria en un marco de absurda naturalidad.
  • Especulo hoy, sobre las causas que originaron este comportamiento animal, (el de la rata). Pienso en la curiosidad del humo del cigarrillo, o tal vez en la voz calmada de un hombre confesando su condición, o lo poco amenazadora que resultaba mi figura una vez sentada sobre aquella caja de libros viejos. Como fuese que haya sido, yo continué hablando e improvise un largo discurso acerca de las posibles excusas que convendría dar a mi esposa sobre el resultado de mi intervención.
  • Finalmente recuerdo haber dicho algo así como: “Esta discusión la continuamos otro día. Me voy a dormir! No hagas mucho ruido”.
  • Apagué las luces, cerré la puerta de la guardilla y bajé las escaleras.Nunca más supimos de aquella rata ni de ninguna otra en los 16 años que habitamos aquella casa.
  • Hoy, ya han pasado 18 años de ocurrido este hecho y en todo ese tiempo mi mente barajo infinidad de conjeturas posibles que justificaran la decisión del animal para alejarse voluntariamente de su refugio. Y de entre todas ellas, la que mas me divierte pensar, es la de que “la rata” halla juzgado demasiada incoherente y aburrida toda aquella charla mía.
  • Entre lo supuesto y lo verdadero, lo último se construye con la suma de los hechos, y el hecho en este caso marca que la rata decidió buscar un mejor lugar donde continuar su vida. De alguna manera poco ortodoxa pero concreta, puede asegurarse que ambos llegamos a “entendernos” sin el uso de la violencia. Algo que a veces, resulta bastante mas difícil cuando ambos protagonistas son humanos.




Edu.Carlos Cuesta